Chile, séptima región, año 2015
Mi historia como partera comienza con el llamado de una mujer para que acompañase su parto en casa. Era su segundo parto, aunque su primer parto planificado en casa. Como doula, yo ya había acompañado alrededor de 20 partos. Como partera este nacimiento es el primero que asisití y estará siempre en mi memoria como un gran tesoro, porque consagró mi labor y me hizo reconectar con ella como si ya la hubiese realizado en otra vida.
Esta familia vivía en el lugar donde hacía cuatro años yo había parido a mi tercera hija Luz, en mi hogar, en el campo, un parto libre sin asistencia profesional.
En este parto que yo acompañaría, hubo toda una organización familiar y comunitaria entre los amigos que eran cercanos. Que lindo es ver como se moviliza toda una comunidad para apoyar un nacimiento. De hecho, viajamos con mi hombre y mis hijos mas de 300 km para que yo pudiese estar ahí. Los vecinos, amigos de la familia que iban a parir, amigos estaban presentes y pendientes con su auto por si era necesario un traslado, todos apoyaban de la manera que pudieran. Viajamos el día en que la mujer me lo pidió y ese mismo día ella parió de madrugada. Cuando llegamos, aún no había signos de trabajo de parto, sin embargo esa noche quise quedarme en su casa, mi familia se fue a una cabaña en el bosque que nos habían prestado.
Aquella tarde estuvimos conversando mucho, nos dormimos tarde como a la media noche y ella muy tranquila porque yo ya estaba allá. A las 3:30 de la mañana Daniela comenzó su trabajo de parto con una gran contracción que le hizo romper las membranas y soltar el líquido amniótico. Así prontamente comenzó su trabajo de parto en fase activa, dos horas más tarde ya estaba con pujos y yo veia venir a su bebé. Ella comenzó a pujar abriéndose en todos los niveles, se podía percibir un portal abierto, ella se sentía acompañada por otras presencias que la ayudaban y le daban fuerza y así comenzó a aparecer la cabecita, yo la sostuve suavemente con mi mano esperando su llegada sin apurar nada y su madre expandiéndose totalmente entregó su bebé al mundo. Yo lo recibí con manos ágiles, mis movimientos eran confiados como si supiera exactamente cómo actuar e inmediatamente le pasé a su bebé por entre sus piernas debajo de su vientre, ella estaba de rodillas sobre el suelo con sus brazos sosteniéndose y sostenida por su hombre que estaba sentado sobre una silla, ella se sentó sobre el mismo suelo, su bebé estaba muy bien, llorando y respirando en seguida, ella estaba un poco perdida como volviendo de otro lugar, en un minuto ya le estaba hablando a su bebé llamándole por su nombre, dándole la bienvenida. Pronto la acomodamos mejor sobre un sillón inclinada un poco hacia atrás quería revisar su vulva y su vagina cuando de repente, veo la cicatriz de su primer parto, un parto difícil que había terminado en cesárea con su primera hija. Un parto que la había hecho crecer tanto y que la hizo conocerse a sí misma y comprender todo lo que necesitaba para tener este segundo parto en casa, tal como ella lo deseaba. Por supuesto que yo lo sabía desde el principio, pero aconteció que durante todo el parto no lo había recordado porque todo fue rápido, porque una de las claves de un parto exitoso es estar presentes y viviendo el momento y porque todos confiábamos que sería maravilloso y así lo fue.